'La televisión cultiva el juego de identidades prestadas'
Hoy lunes ha tenido lugar en la Universidad Europea Miguel de Cervantes la conferencia de Gèrard Imber, que llevaba por título 'El transformismo televisivo. Postelevisión e imaginarios sociales', dentro de las actividades organizadas por el Seminario de Sociedad y Cultura Contemporánea (SEMSOCU).
Gerard Imbert, catedrático de Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid, ha presentado su visión teórica de la actual transformación del medio televisivo, que ha pasado de ser un espacio lúdico a ser también un espacio de transformación de la realidad
El conferenciante ha comenzado su exposición haciendo alusión a la expresión 'transformismo televisivo', juego de palabras que se mueve entre la transformación de la realidad televisiva en espectáculo y el propio sentido cabaretero, travestido, del término, el cual ha servido de hilo conductor a la conferencia. Imbert ha dado su visión de este transformismo a partir de cuatro ejes que él considera fundamentales en este proceso de transformación en la narración televisiva.
El primer eje ha sido la televisión como espacio lúdico: el paso de la neo a la post televisión. En él ha destacado como la neo televisión, propia de la década de los 80 y donde destacan los 'talk shows', ha dejado de de ser una ventana al mundo para convertirse en un espejo del sujeto que se desenvuelve tanto en lo verbal como en lo no verbal. En esta etapa encontramos una progresiva integración del público en el dispositivo televisivo mediante concursos principalmente.
La post televisión da un pasó más allá y se vincula a la tele realidad, a los mundos posibles: mundos muy cercanos a la ficción, no regidos por la imaginación, sino por la creación de universos virtuales. El ejemplo más claro es 'Gran Hermano', un formato donde la narración desaparece, la acción se reduce al máximo y el espacio-tiempo está limitado. Todo se somete a personajes construidos y acciones insignificantes que el medio se encarga de exacerbar. Asistimos a la escenificación de lo íntimo, a diferentes transformaciones de los sujetos que aparecen en la pequeña pantalla y a su posterior consagración.
En el segundo eje de la conferencia, Gerard Imbert ha destacado la televisión como espacio de transformación de la realidad. En él se resalta la ambivalencia obvia de los reality shows. En estos programas se diluyen las fronteras entre los universos de representación: ya no sabemos si estamos dentro de la experiencia sociológica o en la manipulación de lo narrativo. Como ha explicado el conferenciante, pasamos a un universo basado en lo verosímil caracterizado por una turbulencia en las formas: la realidad que se nos presenta o bien, se crea de la nada; o bien, se deforma la realidad existente. Esto deriva de la incertidumbre en la que vive inmersa la sociedad postmoderna donde se está produciendo una crisis de la realidad. Desde este punto de vista la televisión cultiva el juego de identidades prestadas, acercándose a la simulación que produce un juego de rol, donde realidad y ficción se diluyen y donde se llega a la permutabilidad de las identidades.
Además, la televisión se recrea en un presente generado por el propio medio que se sustenta del 'live', del 'directo'. Las noticias se repiten una y otra vez, como si fueran una especie de demanda de la realidad, pero lo único que están haciendo es fragmentar la realidad de un modo transformado, travestido. Se produce una licuefacción en los contenidos, y por lo tanto, del mundo real.
Asimismo, el carácter informe de este medio de comunicación está jugando con la lógica identitaria, recreándose en este juego de identidades imposibles como son 'La Granja de los Famosos', 'Supervivientes', 'Cambio Radical', etc. Se produce entonces un cambio respecto a los realitys tradicionales. Según Imbert, ya no importa ser uno mismo, ahora lo que importa es ser otro, un otro imaginario, y, por supuesto, haciendo caso omiso de la imagen pública: del pudor, de la integridad,' Los concursantes de muchos programas están llegando a la degradación, a renegar de sí mismos, a ridiculizarse en el ámbito público, como se puede comprobar por ejemplo en programas como 'El rival más débil'.
Estos juegos aparentan ser la realidad pero no lo son, por lo que se puede decir que la televisión de hoy en día se ha convertido en un juego de rol. El marco es real, pero los roles de los personajes se han transformado. 'Yo puedo ser uno y puedo ser otro', es el mensaje que nos transmite 'y promueve- este medio, algo que se torna muy revelador en las permutaciones que se producen en la sociedad de hoy día: inseguridades, identidades no definidas.
En el tercer eje, Imbert ha hablado sobre la deformación de la realidad. La televisión se ha inclinado hacia lo grotesco, lo freak, que lejos de resultar repulsivo, agrada. La deformación es, en un sentido figurado, la caricaturización de la realidad, y la vemos día a día en la televisión. Espacios como 'Crónicas marcianas' deforman al máximo los temas tratados, los perfiles de los contertulios (que no son otra cosa que caricaturas de sí mismos), el lenguaje verbal y paraverbal, incluso la propia mesa de debate se convierte en escenario. Los antihéroes tradicionales se erigen ahora en famosos: Pocholo, el Conde Lequio, etc., llegando incluso a convertirse en modelos sociales.
Incluso en los temas tratados también se produce esta 'monstruosidad' (la expresión 'Friki' deriva de freak 'monstruo'). Sólo se habla de incesto, sadismo, violencia doméstica, se llega a una crueldad imposible en la prensa rosa,'
Por último, Gerard Imbert ha resaltado un aspecto como el de la especulación. Lo 'friki' toma el cariz de freak, pero lo hace amable, lo integra en una galería de personajes que enraízan en una forma de realidad. La televisión se ha apoderado de estos personajes, como 'El Neng' (Buenafuente), una parodia de un pastillero que llega simplemente a ser pura forma, carente de contenidos. Éste podemos identificarlo como un bufón, es un idiota simpático, un drogadicto inofensivo, es feo y gracioso,', se desenvuelve 'retomando aquel concepto del principio- en la ambivalencia total. Del mundo real de las drogas, las barriadas,', se transforma y hace ficticio.
Gérard Imbert ha concluido reafirmando que la deformación, aunque a veces sea monstruosa, no tiene un rasgo repulsivo, sino que resulta atractiva. Se está produciendo una domesticación de esta monstruosidad y deformación. Lo nimio, lo detallado, pero también lo aberrante se ha convertido en algo de dominio público. Con esto, la televisión consagra el reino de lo efímero, el universo de 'quita y pon', a espaldas de la identidad promoviendo de esta forma actitudes de desapego, de desvinculación,' Esto produce en nuestra sociedad relaciones líquidas, que no comprometen, roles que se construyen y reconstruyen, minando finalmente la propia identidad de la persona.
Esta conferencia se incluye dentro de las actividades del SEMSOCU que tiene establecido como objetivo primordial impulsar de manera concreta una mirada atenta y crítica sobre nuestro mundo contemporáneo, sobre nuestras estrategias organizativas y sobre la ambivalencia expresiva de nuestra cultura a través de sus manifestaciones sociales, políticas o estéticas. En él se quiere dar cabida de forma regular al debate abierto y, en todo caso, poco satisfecho con el orden establecido.
Más información del SEMSOCU
?